AMANECER CON DIOS

Cuando desperté, le pregunté a Dios:

– ¿Qué voy hacer con mi vida? Con una dulce voz me dijo:

– Mira el techo, si te lo propones puede llegar mucho más alto.

– Observa y disfruta el hermoso día que te regale.

– Escucha el tic… tac del reloj y valora cada segundo de tu vida.

– Mírate en el espejo para apreciar tu existencia, porque nunca sabes el día que dejaras de verte.

– Imagina que en tu corazón hay una puerta que solo tú puedes abrir.

– Si te decides puedo entrar, ser parte de tu vida y hacerte muy feliz.

Sin pensarlo, le dije: -Trato hecho… necesito que estés en mi por el resto de mi vida.

Tal vez un día de estos puedas hacerte esta misma pregunta con este final tan genial.

Que tengas un hermoso despertar…

EL TREN DE LA VIDA

La vida se asemeja a un viaje en tren. Con sus estaciones y cambios de vía, algunos accidentes, sorpresas agradables en algunos casos, y profundas tristezas en otros.

Al nacer, nos subimos al tren y nos encontramos con nuestros padres, creemos que siempre viajarán a nuestro lado.  Pero en alguna estación ellos se bajarán dejándonos seguir el viaje, de pronto nos encontraremos sin su compañía y su amor irreemplazable…

No obstante, muchas otras personas que nos serán muy especiales y significativas, se irán subiendo al tren de nuestra vida, nuestros hermanos, amigos y en algún momento, el amor de nuestra vida…

Algunos tomarán el tren, para realizar un simple paseo. Otros durante su viaje pasarán por momentos de oscuridad y tristeza. Y siempre encontraremos quienes estén dispuestos ayudar a los más necesitados.

Muchos al bajar, dejan un vacío permanente. Otros pasan tan desapercibidos que ni siquiera nos damos cuenta que desocuparon sus asientos… 

Es curioso ver como algunos pasajeros, aún los seres queridos, se acomodan en coches distintos al nuestro. Durante todo el trayecto están separados, sin que exista ninguna comunicación.  

Pero en realidad, nada nos impide que nos acerquemos a ellos si existe buena voluntad de nuestra parte.  De lo contrario, puede ser tarde y encontraremos a otra persona en su lugar. 

El viaje continúa, lleno de desafíos, sueños, fantasías, alegrías, tristezas, esperas y despedidas…   

Tratemos de tener una buena relación con todos los pasajeros, buscando en cada uno, lo mejor que tengan para ofrecer. En algún momento del trayecto, ellos podrán titubear y probablemente precisaremos entenderlos, pero recordemos que nosotros también, muchas veces, titubeamos y necesitamos a alguien que nos comprenda.

El gran misterio para todos, es que no sabremos jamás en qué estación nos toca bajar. Como tampoco dónde bajarán nuestros compañeros de viaje, ni siquiera el que está sentado a nuestro lado. 

A veces pienso en el momento en el que me toque bajar del tren. ¿Sentiré nostalgia, temor, alegría, angustia…?  Separarme de los amigos que hice en el viaje, será doloroso y dejar que mis hijos sigan solos, será muy triste. Pero me aferro a la esperanza de que en algún momento, tendré la gran emoción de verlos llegar a la estación principal con un equipaje que no tenían cuando iniciaron su viaje. 

Lo que me hará feliz, será pensar que colaboré para que ellos crecieran y permanecieran en este tren hasta la estación final.

Amigos, hagamos que nuestro viaje en este tren tenga significado, que haya valido la pena. 

Vivamos de manera que cuando llegue el momento de desembarcar, nuestro asiento vacío, deje lindos recuerdos a los que continúan viajando en el Tren de la Vida.

Feliz


DA Y SE TE DARÁ

Según la leyenda, en un monasterio había un abad muy generoso. Jamás negaba alojamiento a nadie y siempre daba todo lo que tenía. Lo extraño del caso es que cuanto más daba, más próspero se volvía el monasterio.

Al morir el viejo abad, fue sustituido por otro de naturaleza totalmente opuesta. Era mezquino y muy poco generoso. Un día llegó un anciano al monasterio pidiendo alojamiento. Le contó al nuevo abad, que años atrás ya le habían acogido por una noche. El abad se negó a alojarlo, alegando que el monasterio ya no podía darse el lujo de ser tan hospitalario como antes.

Nuestra abadía ya no puede ofrecer pensión a los extraños como hacíamos cuando éramos más prósperos, porque ya nadie hace ofrendas para nuestra obra.

No me sorprende, dijo el anciano. Creo que se debe a que echaron a dos de los más importantes habitantes del monasterio.

No recuerdo que jamás hayamos hecho eso, respondió el abad desconcertado.

Sí que lo hicieron, replicó el anciano. Eran gemelos: uno se llamaba Dad y el otro Se os dará. Como echaron a Dad, Se os dará decidió irse también.

La humildad y el poder de saber reconocer a los demás

En ocasiones, nos acostumbramos a ver en el día a día ese tipo de comportamientos citados al inicio. Personas habituadas a priorizarse a sí mismas, a cubrir sus necesidades pasando por encima de los demás, a dejarse llevar por un día a día donde experimentar la vida lo más rápido posible. En este tipo de comportamientos se lee muchas veces una falta de conocimiento interior. De proyección, de madurez emocional, y por qué no decirlo, de humildad.

La humildad que nace del corazón tiene un pleno conocimiento del sí mismo. Y al saber de forma plena como es uno, puede a su vez reconocer las necesidades del otro. Es la sutileza de la empatía más sabia, es saber mirar al mundo con una mente abierta para captar cada matiz, cada emoción.

El mostrar apertura y reconocimiento a los demás, es uno de los valores más básicos en el ser humano. Todos nosotros necesitamos ser reconocidos como personas, que se aprecien nuestros esfuerzos, nuestras virtudes, nuestras necesidades…

Si la madre y el padre no reconocen a sus hijos, éstos no se sentirán seguros en cada uno de sus pasos. No sabrán que es la confianza, el apoyo… Y el apego que desarrollen con sus progenitores no será ni seguro, ni pleno.

¿Y qué podemos decir de las relaciones de pareja?

El tener a nuestro lado a una persona humilde, capaz de ver sus propios errores, de actuar siempre con sinceridad, sin egoísmo, y sabiendo reconocer esas pequeñas cosas que construyen cada día el amor en la pareja, es sin duda, el bien más preciado al que podemos aspirar.

Preséntate (entrada de muestra)

Esto es una entrada de muestra, originalmente publicada como parte de Blogging University. Regístrate en uno de nuestros diez programas y empieza tu blog con buen pie.

Hoy vas a publicar una entrada. No te preocupes por el aspecto de tu blog. Tampoco te preocupes si todavía no le has puesto un nombre o si todo esto te agobia un poco. Tan solo haz clic en el botón “Nueva entrada” y explícanos por qué estás aquí.

¿Por qué es necesario?

  • Porque proporciona contexto a los nuevos lectores. ¿A qué te dedicas? ¿Por qué deberían leer tu blog?
  • Porque te ayudará a concentrarte en tus propias ideas sobre tu blog y en lo que quieres hacer con él.

La entrada puede ser corta o larga, una introducción de tu vida o una declaración de los objetivos del blog, un manifiesto de cara al futuro o una breve descripción del tipo de cosas que pretendes publicar.

Te ofrecemos algunos consejos útiles para ayudarte a empezar:

  • ¿Por qué publicas tus entradas en lugar de escribir en un diario personal?
  • ¿Sobre qué temas crees que escribirás?
  • ¿Con quién te gustaría conectar a través de tu blog?
  • Si tu blog resulta ser un éxito a lo largo del próximo año, ¿qué objetivo te gustaría lograr?

No tienes por qué atarte a las decisiones que tomes ahora. Lo bueno de los blogs es que evolucionan constantemente a medida que aprendemos nuevas cosas, crecemos e interactuamos los unos con los otros. Pero está bien saber dónde y por qué empezaste, y plasmar tus objetivos puede darte más ideas para las entradas que quieres publicar.

¿No sabes por dónde empezar? Tan solo escribe lo primero que se te ocurra. Anne Lamott, autora de un libro sobre cómo escribir que nos encanta, afirma que debemos permitirnos escribir un “primer borrador de mierda”. Anne está en lo cierto: tan solo tienes que empezar a escribir, y ya te encargarás de editarlo más tarde.

Cuando todo esté listo para publicarse, asigna entre tres y cinco etiquetas a la entrada que describan el centro de atención de tu blog: escritura, fotografía, ficción, educación, comida, coches, películas, deportes… ¡Lo que sea! Estas etiquetas ayudarán a los usuarios interesados en tus temas a encontrarte en el Lector. Una de las etiquetas debe ser “zerotohero”, para que los nuevos blogueros también puedan encontrarte.

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